Helkias Blog
New Archive

Maná, videojuegos y mitología: Una reflexión desde el psicoanálisis

Una exploración acerca de la conexión entre el maná, los videojuegos y la psicología jungiana.

Psicoanálisis Reflexiones

Introducción

Los jóvenes lectores (y bueno, no tan jóvenes tampoco), habrán oído hablar seguramente de este concepto en algún momento de su vida. No, no vamos a hablar del conocido grupo de rock mexicano (esta vez). El maná ha sido históricamente un concepto de suma relevancia en algunas culturas a lo largo de la historia, formando parte de sistemas religiosos, tradiciones místicas y —más recientemente— algunos de nuestros videojuegos favoritos. Como parte de sistemas religiosos tradicionales Polinesios o como barra de recursos en un juego de Final Fantasy, el maná representa algo primordial: energía, poder, y la capacidad para influir y alterar la realidad.

Mi intención no es hacer un recorrido histórico sobre su integración en la cultura moderna — este artículo de Alex Golub es una excelente lectura para ese propósito. Mi intención es otra.

¿Por qué nos identificamos tanto con este concepto? Desde una perpectiva jungiana, el maná va mucho más allá de una mecánica de un videojuego — constituye un arquetipo simbólico, una fuerza psíquica que forma parte del inconsciente colectivo. Por ello, trataremos de explorar los orígenes de este poderoso arquetipo, su relevancia psicológica, y por qué seguimos reinventándolo en historias modernas y en videojuegos de toda clase.

.

Greel, Mind Raker. Wizards of the Coast

Origen del concepto y relevancia antropológica

Según la RAE, la palabra maná proviene del latín manna, y este del griego μάννα mánna, y éste, finalmente, del hebreo man hu, que significa ‘¿Qué es esto?’. Existen eruditos que asocian el significado a la palabra egipcia mennu, que signfica ‘alimento’. En Occidente, nuestra concepción de dicho término es de carácter fundamentalmente bíblico, pues su primera referencia proviene del libro Éxodo, en el Antiguo Testamento, donde el maná era una suerte de secreción adulzada, enviada diariamente por Dios a los israelitas durante los 40 días que deambularon por el desierto. Los propios israelitas, que desconocían por completo la sustancia enviada, debían recolectar diariamente dicho alimento de los árboles y consumirlo, pues “llegaba con el rocío todas las mañanas, excepto el día de reposo. El día antes del día de reposo, el pueblo recogía lo suficiente para dos días. El resto de los días, lo que se recogía de más se echaba a perder (véase Éxodo 16:14–30).” Si el sol entraba en contacto con él, se descomponía. Teniendo en cuenta que este era el único alimento disponible para los israelitas, ésta última característica del alimento representa, como en tantos otros ejemplos del Antiguo Testamento, el carácter implacable de Dios, acompañado siempre de una benevolencia condicional a su sumisión; la provisión milagrosa aseguraría la supervivencia del pueblo israelí solo en tanto que éste se mantuviese férreo en su fé, y siempre proporcionado bajo unas reglas de consumo ecuánime y solidario; la dádiva era suficiente.

.

La recolección del maná en el desierto — Giovanni Battista Tiépolo, 1738-1740.

La interpretación del maná como regalo divino puede haber estado fundada en el consumo de la sustancia por los habitantes del Sinaí, puesto que existen evidencias de que los árabes residentes en dicha península comercializaban con la resina del árbol tamarisco, bajo el nombre man es-simma ‘maná celestial’.

Una hipótesis reciente, acuñada por primera vez por el etnomicologista Terence McKenna, sugiere que la sustancia podría tratarse del hongo psicoactivo Psilocybe Cubensis, teniendo en cuenta los efectos alucinógenos del mismo, y sus características como supresor del apetito. La asociación entre sustancias enteogénicas, los rituales y experiencias espirituales y religiosas, y la evidencia arqueológica correspondiente es un tema fascinante del que me encantaría hacer reflexiones en un futuro, pero por lo pronto, no nos iremos por estos derroteros.

Si expandimos un poco este concepto de ‘alimento provisto de energía trascendental’, encontramos otros ejemplos que simbolizan y refuerzan el poder de la conexión del ser humano con la divinidad en muchas otras culturas del mundo, siendo algunos ejemplos:

  • La ambrosía, en la antigua Grecia, era el alimento de los dioses del Olimpo, que otorgaba la inmortalidad.
  • El soma, en la India, reflejado en los Vedas como una bebida sagrada que conecta con lo divino.
  • El néctar, considerado en el budismo una sustancia asociada al proceso de iluminación.
  • El cacao, que en culturas mesoamericanas como los mayas y aztecas era un alimento sagrado que otorgaba energía y conexión con el mundo espiritual.

Más allá del concepto del maná en la tradición judeocristiana, existe un origen histórico-cultural del maná en una región mucho más lejana, en concreto en la cultura austronesia, donde tiene una relevancia fundamental. El nombre “austronesia” proviene del latín austrālis “del sur” más el griego νήσος (nísos) “isla”, por lo que se traduce textualmente como “Islas del Sur”. En la actualidad, esta región geográfica incluiría Taiwán, el Sudeste Asiático, y Oceanía (Micronesia, Melanesia y Polinesia). En concreto, Melanesia se compone actualmente de Indonesia, Papúa Nueva Guinea, las Islas Solomón, Nueva Caledonia, Fiji y Vanuatu. Las primeras exploraciones del Oeste de esta región ocurrieron en el siglo XVI, con los pioneros Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, pero no fue hasta el siglo XIX que el término apareció por primera vez en la esfera occidental en debates relacionados con el origen de la religión.

Si analizamos por ejemplo esta tabla de definiciones varios lenguajes austronésicos, encontramos que el concepto es más o menos uniforme: fuerza sobrenatural. Los académicos a lo largo del siglo XIX y XX trataron de realizar una interpretación antropológica más extensa y profunda. Concretamente, el antropólogo inglés Robert Henry Codrington, fue pionero en estudiar extensamente las sociedades melanésicas durante el siglo XIX, incluyendo sus estructuras religiosas. En sus escritos, describe el maná como un poder sobrenatural e invisible que se encuentra presente en toda la esfera vital, más allá del control de cualquier hombre ordinario, y desvinculado de los procesos naturales comunes. Esta energía se manifiesta a través de personas y objetos, de manera que esta es su única representación material identificable, la prueba de su existencia. No cabe olvidar que el concepto no es un vestigio en Polinesia, sino que sigue siendo de gran importancia para los isleños contemporáneos. La característica fundamental del maná es su neutralidad y amoralidad, puesto que puede ser canalizado tanto para el bien como para fines malignos. Por tanto, cada individuo debe ser capaz de responsabilizarse y canalizarlo de forma postiva, en busca de obtener beneficios tanto en la esfera personal como en la esfera social. Un ejemplo ilustrativo sobre el que reflexionaremos más adelante podría ser el de un hombre que por casualidad, se topa con una piedra con una forma particular. Esta piedra le recuerda a un fruto que proviene de uno de los árboles que tiene plantados, por lo que decide enterrarla al pie de su árbol. De esta forma, es capaz de canalizar el maná contenido en dicha piedra de forma positiva, y mejorar así los frutos que genere a continuación su árbol.

Esto no es directamente opuesto al entendimiento de los resultados naturales que observan. Es decir, la mayoría de los fenómenos comunes tienen explicación lógica para el melanesio; Si va a pescar, es posible que algo pesque. Si se dispone a cazar, es posible que dañe al animal o incluso lo mate satisfactoriamente. Si tiene cultivos, generalmente producirán fruto. Pero el maná constituye el elemento diferenciador, lo que potencia y multiplica los resultados en beneficio del que lo posee o es capaz de canalizarlo. Es decir, los individuos que obtienen resultados notables lo hacen gracias a este poder sobrenatural (ya sea en el ámbito personal, social o político), y no gracias a sus cualidades individuales o su esfuerzo directo. Asimismo, los resultados de una persona imbuido con él o capaz de canalizarlo influirán positiva o negativamente sobre su estatus sociopolítico, afectando en consecuencia a su nivel de maná también.

.

Ídolos adorados por los habitantes de las Islas del Sur. Ilustración de William Ellis en sus Investigaciones Polinésicas, Volumen II (1829b: Título)

Adicionalmente, es relevante mencionar el libro Los paganos: el hombre Primitivo y sus religiones de William Howells. Aunque trate de forma ciertamente condescenciente las sociedades primitivas (políticamente incorrecto para los estándares actuales), este profesor de antropología describe el maná como un fluido natural, semejante a la electricidad.

Generalmente, el maná es una suerte de esencia de la naturaleza”, escribe Howells. “No es un espíritu, y carece de voluntad o propósito propio”. Para él la concepción polinésica del maná “no era de carácter científico, por supuesto, pero no por ello dejaba de ser algo lógico. El maná se consideraba indestructible, auque podía desaparecer si se realizaban determinadas prácticas inadecuadas. Su origen es fundamentalmente divino, aunque los dioses no lo poseían de ninguna forma, sino que gozaba de un carácter independiente. Fluía continuamente […] desde las cosas más mundanas hasta las cosas más celestiales, es decir, desde el polo negativo hasta su opuesto positivo. Los jefes tribales, aceptados como los descendientes de los dioses, eran los encargados de conducirlo hacia la función que correspondiese para otorgárselos al pueblo, ya fuese a través de ceremonias, la guerra, o la agricultura. No era un privilegio el hecho de que el jefe tuviese mucho maná. En cambio, en el gran esquema de las cosas, su función era la de servir como reserva de éste, y transmitirlo de manera acorde” (Capítulo 3).

Esta representación del maná encuentra similitudes en otras fases primitivas de otras religiones de otras regiones del planeta, fundamentalmente de carácter pre-animista o animista, como por ejemplo el wakan y el orenda de los indios Siux e Iroquois, el prana en la India, descrito en prácticas del yoga, Ayurveda e incluso artes marciales, el qi en China, canalizado y cultivado a través de la práctica del qigong, y el pneuma en la antigua Grecia, comúnmente conceptualizado como respiración, alma o espíritu, aunque en la mayoría de religiones fuese reemplazado por fuerzas o deidades personificadas. Este descubrimiento antropológico que demostró la similitud conceptual que existe del concepto en diferentes culturas es en el que posteriormente se apoyará Jung en su elaboración del arquetipo correspondiente, y es justo el que nos interesará explorar a continuación.

Profundización psicológica del concepto del maná (vamos a la chicha)

A continuación, voy a centrarme en nuestro psiquiatra y psicoanalista favorito Carl Jung y sus consideraciones al respecto. Existe una conceptualización (que no he tratado en el apartado anterior) que en el campo de las ciencias sociales se toma como referente, que emana de la idea judeocristiana del carisma (del Griego χάρισμα, que significa ‘agradar, hacer favores’), propuesta por el sociólogo alemán Max Weber. Según Weber, el carisma englobaría todas las designaciones (incluyendo el maná) utilizadas por muchos pueblos antiguos para referirse a fuerzas sobrenaturales, que influyen en las estructuras sociales en forma de relaciones de poder. Para Weber, existirían por tanto personalidades carismáticas que serían capaces de obtener posiciones dominantes de autoridad en cualquier ámbito dentro de una determinada estructura social, caracterizadas por un determinado “magnetismo” personal. Jung simpatiza con esta idea del constructo carismático, y lo arquetipiza para representar las fascinantes fuerzas mágicas de los contenidos del inconsciente colectivo en lo que llamó la personalidad maná, de la que hablaremos también a continuación.

Las piedras y los palos hacen muy felices a los hombres

Pero para poder profundizar en el arquetipo del maná y en cómo se manifiesta en la esfera de la consciencia, quizás resulte interesante regresar tanto al concepto melanésico como al cristiano, y reflexionar un poco más acerca de ellos. Reflexionemos acerca de sus similitudes desde esta óptica.

Volvamos al ejemplo del hombre que se encuentra una piedra con una determinada forma. Como mencioné antes, la forma de la piedra encontrada le recuerda a una determinada fruta de un árbol que él posee en su jardín, y, por tanto, está imbuida con maná. Pero este maná no está realmente presente en el objeto; La psique del hombre es la que reviste al objeto de un significado simbólico determinado. Esta externalización del contenido del inconsciente personal sobre un objeto externo es lo que Jung categoriza como proyección. Es decir, la creencia de que la piedra posee maná es lo único relevante para el hombre. De esta forma, dicho hombre se dispone a comprobar si este juicio es correcto o no, enterrando la piedra en la base de un árbol frutal que tiene plantado en su jardín. El hecho de que el árbol genere un fruto a partir de esta acción, modificará la interpretación del hombre de si dicha piedra posee maná o no. Si el resultado es positivo, a ojos del sujeto se genera una relación de causalidad, y su interpretación pasará a convertirse en una concluyente verdad, basada en un resultado empírico; El hombre por tanto se configura como el vehículo que permite canalizar esta energía inicial (maná) que ha conferido a la piedra en algo positivo, de manera que transmutarla en otro objeto (el árbol frutal) ha producido resultados beneficiosos.

Desde un punto de vista analítico, esta proyección es de enorme importancia. Por tanto, este ejemplo sirve no solo para entender la fundamentación de la personalidad maná, asociada a esos perfiles carismáticos que poseen cierto magnetismo personal, que utilizan para influenciar positivamente su entorno, sino para además ilustrar otro arquetipo, el de la piedra, muy útil para entender el fenómeno de transmutación psíquica.

Esta energía psíquica (es fundamental no entenderla como energía en sentido newtoniano) también puede conceptualizarse como líbido; A diferencia de Freud, para quien la líbido es esencialmente energía sexual, Jung amplió y transformó esta idea para abarcar mucho más allá: En su obra Símbolos de transformación (1912) (donde marca su quiebre definitivo con Freud), Jung afirma que esta energía puede manifestarse a través de múltiples formas, como el deseo, la voluntad, la imaginación, la ambición, la agresividad o el amor, entre otras muchas.

La líbido es, por tanto, energía psíquica indiferenciada y transmutativa. En la alquimia, la materia prima tiene la potencialidad de transformarse en oro a través del trabajo interior (opus). Jung observa aquí una analogía directa entre esa transformación alquímica y el viaje interior del alma: la líbido es esa materia bruta que debe canalizarse, sublimarse y transmutarse en consciencia superior. Lo describe así en Aquetipos e inconsciente colectivo (1954) — “Anteriormente fue el fuego arcano de los alquimistas, el flogisto, la fuerza calórica inherente a la materia, o también el calor primordial de los estoicos o el heraclíteo (el fuego eternamente viviente), que tan cerca está de la concepción primitiva de una fuerza viviente universalmente difundida, una fuerza que provoca el crecimiento y cura mágicamente, llamada por lo general mana. (esto es una cita suya). Jung encuentra un paralalelismo entre esta transformación alquímica con el proceso de individuación, donde el sujeto asimila elementos del inconsciente colectivo para convertirse en el verdadero y auténtico sí mismo.

¿Y qué hay del manjar milagroso mencionado en el Éxodo?

Aquí también encontramos otro arquetipo de transferencia de energía espiritual, esta vez en forma de alimento. En la alquimia medieval por ejemplo, la Eucaristía del Nuevo Testamento (el pan y el vino) estaban asociados con la Gran Obra; a través del sacramento, se produce una transformación simbólica; el pan deja de ser simple prima materia para alcanzar perfección espiritual, energía divina. Existe un concepto un poco complejo — transubstanciación, empleado en teología para referir a un cambio ontológico del ser de las sustancias, pero nos quedamos con la representación simbólica de Jung, por no ir por otros derroteros. Según el Nuevo Testamento:

«Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron… pero este es el pan que desciende del cielo, para que el que lo coma no muera» Juan 6:48-51

Me resulta curiosa la contradicción de este evangelio con la historia del Éxodo, pues Jesús aquí considera ineficaz el alimento que consumieron los israelitas en el desierto, a pesar de ser un regalo divino.

.

Israelitas recogiendo el maná — Henry de Clerck, 1570-1630

Para sintetizar un poco este punto, la asociación simbológica del alimento bíblico en la historia del maná en el Éxodo se podría resumir en varios puntos:

  • Como ya hemos mencionado, en el caso de la historia del Éxodo, a pesar de ser representado como un regalo divino, tiene un carácter condicional; no existe un intercambio material de ningún tipo, pero la divinidad exige a cambio la fe incondicional en ella. Este regalo representa la intervención divina en lo cotidiano, una forma de ****transmutación energética de lo celestial a lo terrenal. Las diferencias con la Eucaristía del Nuevo Testamento son evidentes.
  • Es fundamental entender que esta acción también representa una asociación con el Logos: El Logos, contrapuesto al Eros, es el arquetipo que representa racionalidad, conciencia, orden; constituye el principio activo que crea y ordena el universo: “En el principio era el Logos, y el Logos estaba con Dios, y el Logos era Dios… Y el Logos se hizo carne” — Juan 1:1. El Logos por tanto se encarna en la figura de Jesús, y al consumir la Eucaristía conecta directamente con este principio.
  • Para Jung, la psique humana opera a través de símbolos que representan transformaciones internas. El alimento divino es una imagen recurrente en el inconsciente colectivo, un símbolo de la absorción de lo sagrado para alimentar el proceso de individuación.

El maná de los polinesios y el maná bíblico cumplen por tanto un rol muy similar, pues conceden poder a quien los recibe, pero solo en la medida en que se comprenden y asimilan correctamente.

Qué diablos tiene todo esto que ver con el World Of Warcraft o Solo Leveling?

Excelente pregunta, aunque realizar una contextualización bajo la óptica jungiana resulta muy conveniente para explicar fenómenos y conceptos modernos y encontrar su paralelismo en la psicología analítica. Es ignorante obviar que prácticamente todo lo que existe en cualquier forma de creación artística moderna no tiene sus raíces bien profundas en contenidos del inconsciente colectivo. Las conexiones pueden no resultar evidentes a primera vista, o incluso inexistentes, pero un análisis pormenorizado nos permite descubrir como esto no es del todo así.

Ahora que ya hemos explicado el concepto de la libido, estamos en condiciones de entender cómo opera. Generalmente, tiende a fluir hacia ciertos núcleos simbólicos (los arquetipos). Estos se constituyen por tanto como “imanes” para la energía psíquica. Cuando la libido se fija en un arquetipo, lo activa simbólicamente (puede verse en el caso del arquetipo del Héroe, el del Anciano Sabio o el del Anima, por ejemplo). Si entendemos esta concentración de energía en símbolos como la base del proceso de individuación, por el cual el Yo se va diferenciando del inconsciente y va asimilando sus contenidos, podemos comenzar a entender la mecánica del maná tanto en los rituales religiosos tradicionales, como en el entretenimiento moderno.

Asimismo, en algunas representaciones conscientes del arquetipo, como los sueños, el maná constituye el “poder mágico que uno experimenta pero que no posee”; este poder se proyecta sobre objetos, que aparecen frecuentemente en sueños como piedras brillantes, báculos, antorchas, espadas o talismanes. Tomemos un ejemplo sencillo, para ilustrar mejor a dónde estoy intentando llegar. El arquetipo del Anciano Sabio (o senex), asociado al Logos, suele aparecer en algunos individuos con potencial elevado. Asimismo, esta figura suele venir acompañada de un objeto determinado, que puede incluso entregar directamente al soñador o héroe. El ejemplo más claro de esto serían Gandalf y su bastón o Merlín y su báculo. Además en estos dos ejemplos, los sabios entregan una espada al héroe o guían al héroe hacia su propósito. Lejos de ser un simple gesto narrativo, representa un rito de paso, una transferencia de maná, y un acto de autorización psicológica para que el héroe comience su transformación.

Recomendaré aquí la obra de Joseph Campbell El héroe de las mil caras (1949), donde desarrolla lo que él llama el “monomito” o el viaje del héroe, muy útil para comprender mejor la estructura metanarrativa común de muchos mitos y leyendas.

La mayoría de los videojuegos de rol poseen una estructura y una finalidad común. Normalmente, el jugador debe escoger una clase de su personaje, y a medida que progresa, desarrollarla en función a las cualidades de dicha clase (esto es así generalmente, a todos nos gusta de vez en cuando innovar o construir personajes de manera caótica). No importa si el personaje es un guerrero, un brujo o un paladín, la mecánica de la progresión sigue siendo el aspecto central al videojuego. Los jugadores deben superar una serie de desafíos para conseguir recompensas, y de esta forma subir de nivel. Con cada subida de nivel, suelen potenciar sus características en función de la clase. Si tomamos como ejemplo clases del World of Warcraft como el chamán, el brujo o el mago, vemos que el recurso principal que emplean es precisamente el maná. Asimismo, suelen estar provistos de artefactos mágicos que les ayudan a canalizar su energía mágica, tales como bastones, tótems o libros de hechizos, encajando perfectamente con las descripciones arquetípicas desarrolladas previamente.

.

Chamán de World of Warcraft. Blizzard Entertainment.

El proceso de mejora constante a través del sistema de niveles, sumado a un incremento de la capacidad de acumulación de maná, representan un paralelismo claro con el proceso de individuación propuesto por Jung, y creo que es lo que favorece que el sistema de progresión sea una mecánica tan extendida y atractiva para todo el mundo. Aquí es conveniente hacer mención adicional al concepto de la personalidad maná. En términos psicológicos y psicodinámicos, Jung presenta la personalidad maná como una etapa dentro del proceso de individuación, que encarna —por así decirlo— los contenidos aún desconocidos o no reconocidos por el sujeto del inconsciente colectivo. Esta figura arquetípica personifica el estadio que precede e indica la inminente aparición del si mismo plenamente integrado, al que está estrechamente vinculado en la medida en que suele representarse como una figura heroica (generalmente masculina) que anuncia este arquetipo supremo. No es de extrañar que la personalidad maná esté muy relacionada con el fenómeno de ‘asemejamiento a Dios’ (Gottähnlichkeit) y a la inflación psíquica. Jung destaca la inevitabilidad de esta fase en el proceso de individuación, así como la necesidad de que el sujeto la supere. Solo ante una ‘conquista’ de este proceso inflacionario del ego el sujeto puede alcanzar un desarrollo espiritual más completo y elevado. La personalidad maná constituye un valor iniciático fundamental porque es capaz de satisfacer la necesidad histórico-mitológica del héroe y el mago del sujeto.

Este proceso de individuación-progresión en el aumento del maná se encuentra en otros videojuegos también como Elder Scrolls o Final Fantasy, donde representa también un recurso que por sí solo carece de función, pero por lo general posibilita al jugador lanzar hechizos, conjuros, encantamientos u otras habilidades similares. La cuantificación del recurso (generalmente en forma de “barra de maná”, con una capacidad numérica determinada) exige al jugador tomar decisiones premeditadas y conscientes, con el riesgo de desperdiciar su capacidad para lanzarlos y agotar su maná en caso de fallar. Asimismo, esta mecánica resulta tremendamente atractiva para los jugadores también, pues ofrece poder y control a través de una externalización de la energía psíquica, pues permite a los jugadores manipular a su antojo el resultado de situaciones determinadas, superando desafíos que no podrían superar de otra manera.

Resulta brillante el paralelismo en la “vida real” (no me suele gustar esta expresión, pues sugiere que el mundo de los videojuegos no forma parte de nuestra vida real), pues el pensamiento estratégico de cómo usar el maná como recurso se asemeja a la necesidad fundamental de aprender un control consciente de las emociones y la energía — el jugador solo accede a fuentes de maná mejores a medida que progresa, reflejado en procesos de asimilación de contenidos del inconsciente a la conciencia. Se me ocurre algún ejemplo un poco más básico. Cuando un jugador desconoce bien a qué se enfrenta, y malgasta todo su maná en intentar derrotar a un enemigo con una resistencia mágica elevada sin conseguir nada, equivale a malgastar nuestros esfuerzos y energía en personas que solo la absorben y nos la devuelven de forma negativa. En ambas situaciones, estamos perdiendo el tiempo y nuestra energía, ambos recursos limitados.

Me resulta particularmente interesante además el hecho de que el maná siempre se conceptualice en los videojuegos como de color azul, al igual que no es casualidad que la vida o los puntos de salud sean rojos. En la tradición simbólica, el azul está siempre asociado al:

  • Agua: Símbolo de lo inconsciente, lo emocional, lo profundo y lo misterioso. Asimismo, en hidrología existe el concepto de las manas — fuentes naturales de agua de origen subterráneo, al igual que los manantiales. En sociedades antiguas en territorios como Colombia o incluso los romanos, se les atribuía a estas aguas poderes curativos y se asociaban a espíritus o deidades.
  • Cielo: El cielo nocturno suele representar el infinito, el mundo espiritual y lo desconocido.

El azul es el color del alma en su dimensión receptiva, vinculada al inconsciente colectivo, al misterio, a lo irracional y a lo sagrado. Aunque Jung nunca escribió extensamente sobre el concepto, siempre pudo entreverse en sus descripciones acerca de la función simbólica del agua, la luna y la noche, todas ellas ligadas a dicho color. Cabe citar también a Goethe, en su Teoría de los Colores — “Una superficie azul nos da impresión de lo frío. Nos recuerda la sombra, el espacio vacío, la lejanía”. El mejor ejemplo de esto lo podemos encontrar en el juego de cartas Magic the Gathering. Mark Rosewater (diseñador jefe de MTG) ha explicado múltiples ocasiones en sus artículos de Making Magic que el azul representa el color de la mente, del control y del artificio, y que el agua (el maná azul proviene de islas) es su símbolo elemental por excelencia.

.

Distorsión Temporal. Wizards of the Coast

Esto es todo por ahora

A lo largo de esta exploración hemos visto cómo el concepto de maná —desde sus raíces etnográficas hasta sus manifestaciones contemporáneas en videojuegos y relatos fantásticos— funciona como un símbolo potente y persistente del deseo humano de canalizar energías ocultas, transformarlas y dominarlas. Ya sea como alimento, energía espiritual o como recurso estratégico, el maná expresa una misma constante: la voluntad de relacionarse con el inconsciente, de hacerse partícipe de una energía exterior al ego, pero que siempre puede ser integrada a través los mecanismos adecuados.

En este sentido, la óptica jungiana nos ofrece una herramienta indispensable para comprender el trasfondo simbólico de estos fenómenos culturales. Jung nos enseña el carácter eterno e inamovible de los arquetipos, que se manifiestan una y otra vez a lo largo de la historia de diferentes formas, y cómo la mitología sigue viva bajo nuevas máscaras: ahora representada a través de píxeles en mundos virtuales. Entender maná en su acepción arquetípica nos permite contemplar las mutaciones — conscientes o inconscientes — que ha sufrido a lo largo de la historia, y cómo nuestras pulsiones más profundas siguen buscando una vía de expresarlo.

Como apunte final, recordar cómo el mundo moderno, atravesado por un pensamiento postmoderno, desacralizado y fragmentado por una globalización sin frenos, ha dejado atrás muchos de los rituales de integración de que durante siglos ayudaron a estructurar la experiencia humana. En ese vacío simbólico, los videojuegos —y otros entornos simbólicamente ricos— emergen como espacios alternativos de ritualización. Quizás jugar, encarnar a un mago, controlar el maná o conquistar un mundo funcionen como formas artificiales de externalizar energías inconscientes, de dar forma a impulsos arquetípicos que antes se encauzaban mediante la religión o el mito.

Pero este sustituto digital no puede reemplazar lo que se ha perdido. Puede simbolizar, sí; puede canalizar, sí; pero nunca tendrá la misma capacidad transformativa en el proceso, pues nunca habrá plena consciencia en el proceso. Y es aquí donde la psicología analítica nos llama a despertar: a reconocer en estas dinámicas modernas la huella de algo más profundo, a leer en el lenguaje simbólico del maná una invitación a reconciliarnos con las capas más arcaicas y verdaderas de nuestra psique.

Hasta la próxima,

🧙🏽‍♂️


Bibliografía

• Codrington, R. H. (1891). The Melanesians: Studies in their anthropology and folk-lore. Clarendon Press.

https://archive.org/details/melanesiansstudi00codruoft

• Jung, C. G. (1944). Psicología y alquimia (Obras completas, Vol. 12). Ed. Trotta.

(Título original: Psychology and Alchemy)

• Jung, C. G. (1954). Arquetipos e inconsciente colectivo (Obras completas, Vol. 9/1). Ed. Trotta.

(Título original: The Archetypes and the Collective Unconscious)

• McKenna, T. (1992). Food of the Gods: The search for the original tree of knowledge. Bantam Books.

• Muy Interesante. (s.f.). ¿Qué es el maná?. https://www.muyinteresante.com/curiosidades/29380.html

• Te Ara: The Encyclopedia of New Zealand. (2014). The history of mana: How an Austronesian concept became a video game mechanic.

https://theappendix.net/issues/2014/4/the-history-of-mana-how-an-austronesian-concept-became-a-video-game-mechanic

• Maori Dictionary. (s.f.). Mana. https://www.maoridictionary.co.nz/word/3424

• Junguipedia. (s.f.). Anciano sabio. https://junguipedia.miraheze.org/wiki/Anciano_Sabio

• Encyclopaedia Britannica. (s.f.). Mana (Polynesian and Melanesian religion).

https://www.britannica.com/topic/mana-Polynesian-and-Melanesian-religion

• Cirlot, J. E. (2002).Diccionario de símbolos. Siruela.

• Rosewater, M. (2003). Color Pie Philosophy: Blue. Wizards of the Coast. https://magic.wizards.com/en/news/making-magic/true-blue-2003-08-11